Los Servicios Que Ofrece

La Dra. Mendoza proporciona psicoterapia a adultos, adolescentes y niños, y se especializa en psicoterapia individual y familiar.

Los tratamientos están diseñados para los siguientes trastornos psicológicos:

Depresión

La depresión afecta todo el cuerpo, física y psicológicamente. Los síntomas varían, pero pueden incluir insomnio, tristeza, irritabilidad, falta de autoestima y cambios en el apetito y el bienestar físico. Los síntomas de la depresión pueden durar semanas, meses y hasta años. Sin tratamiento, la depresión puede seguir por años y puede ser mortal, por conducir al suicidio. Con ayuda profesional, la mayoría de los que padecen de depresión pueden mejorar significativamente.

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Las personas propensas a la depresión pueden tener ciertos rasgos de personalidad, como baja autoestima y pesimismo general o sentirse abrumadas por el estrés. Los psicólogos creen que las conductas aprendidas también son importantes en el desarrollo de la depresión, así como otros problemas psicológicos. Las personas aprenden maneras adaptivas e inadaptivas de manejar el estrés y responder a los problemas de la vida en el seno de sus familias y en la sociedad en general. Estos factores ambientales influyen sobre el desarrollo psicológico y la manera en que las personas tratan de resolver los problemas cuando ocurren.

Las conductas aprendidas también pueden contribuir al motivo por el que los problemas psicológicos parecen ocurrir con mayor frecuencia en miembros de una familia, de generación en generación. Si un niño crece en un ambiente pesimista, en el que el desaliento es común, ese niño puede desarrollar susceptibilidad a la depresión.

Los factores ambientales también pueden contribuir a la depresión. Por ejemplo, una pérdida seria, una enfermedad crónica, problemas en las relaciones, estrés en el trabajo, crisis familiares, reveses financieros o cambios indeseados en la vida pueden desencadenar un episodio. A menudo, los factores involucrados en el desarrollo de los trastornos depresivos son una mezcla de factores biológicos, psicológicos y ambientales.

 

Trastornos de ansiedad

Todos experimentamos niveles de ansiedad, pero a menudo esa ansiedad no es lo suficientemente fuerte como para justificar un tratamiento profesional. De hecho, cuando enfrentamos un peligro que resulta en lesiones físicas o hasta en la muerte, respondemos psicológica y físicamente empleando una variedad de reacciones impulsadas por la ansiedad que causan que nos defendamos o evitemos resultar lesionados.

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Por suerte para la mayoría de nosotros, el peligro físico es muy poco frecuente. En lugar de ello, enfrentamos problemas y estrés que complican nuestras vidas. Los problemas de hoy en día presentan otro tipo de amenazas, como perder un empleo, un divorcio o que a nuestros hijos no les vaya bien en la escuela. Esas pueden ser amenazas contra nuestro bienestar, pero su impacto es más psicológico que físico.

Esas amenazas psicológicas pueden generar ansiedad. La ansiedad normal no es indicio de perturbación emocional, sino que nos ayuda a manejar nuestras vidas alertándonos de problemas que requieren una reacción. Los trastornos de ansiedad ocurren cuando el nivel de ansiedad pasa a ser muy fuerte, incluso en reacción a problemas comunes de la vida diaria, o cuando la ansiedad siempre está presente e interfiere con la resolución normal de los problemas y el funcionamiento.

El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad en el que ocurren ataques de pánico inesperada y repetitivamente y que no se deben a una sustancia ni a otro trastorno psicológico o a una fobia. Un ataque de pánico consiste de ansiedad extrema. Puede haber muchos síntomas físicos, como palpitaciones del corazón, temblores, mareos, náuseas, sudores, rubores calientes o adormecimiento. A menudo las personas tienen dolores de pecho que confunden con un ataque cardíaco. Puede haber una sensación de irrealidad o de estar separado de uno mismo.

La ansiedad social es un temor persistente a las situaciones sociales y al bochorno, como tener que hablar en público o compartir con gente en una fiesta. En casos extremos, la ansiedad social puede convertirse en un ataque de pánico. Las personas con ansiedad social no pueden controlar sus temores incluso si se dan cuenta de que son exagerados y también injustificados. Muchas personas pueden experimentar un cierto grado de ansiedad social, pero cuando la ansiedad social interfiere con las actividades normales de las personas, es necesario que se traten.

El trastorno de ansiedad general ocurre cuando una persona tiene ansiedad crónica, incluyendo preocupación excesiva por un período de al menos seis meses. La persona puede sentir desasosiego, tensión y cansancio y tener insomnio. La falta de concentración y el exceso de irritabilidad son indicios del trastorno de ansiedad general. Muchas personas con esta forma de ansiedad pueden tener ataques de pánico en reacción a mucho estrés.

La agorafobia es el sentimiento de ansiedad intensa cuando una persona siente que está en un lugar del que no puede escapar con facilidad. A las personas que tuvieron ataques de pánico en el pasado a menudo les preocupa tener otro ataque de pánico en un lugar público en el que no puedan encontrar refugio fácilmente y obtener ayuda. Ese temor causa que se limiten a estar en lugares que consideran seguros o familiares y que sólo se aventuren a ir a unos pocos lugares seguros, como su hogar, su trabajo y los hogares de amigos íntimos o parientes.

El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno de ansiedad en el que la persona sufre pensamientos perturbadores e intrusivos y participa en conductas compulsivas (verificar, lavarse las manos, contar, enunciados repetitivos) para aliviar la ansiedad o el temor causados por los pensamientos intrusivos.

El trastorno de estrés postraumático puede ocurrir después de que una persona sobrevivió un evento traumático en el que sintió que estaba en peligro su vida. Entre otros, los síntomas del trastorno de estrés postraumático son ansiedad extrema, evitar recordar el evento traumático y volver a sentir o vivir el evento traumático.

 

Estrés

El estrés es el “desgaste” que sufren nuestros cuerpos a medida que nos ajustamos a los cambios constantes de nuestro entorno. Tiene efectos físicos y emocionales en nosotros que pueden generar sentimientos positivos y negativos.

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El estrés se siente como una reacción emocional que eleva nuestros niveles de actividad cognoscitiva y fisiológica. También es algo que impone muchas demandas de productividad física o cognoscitiva en las personas, dicho de otro modo, todo lo que nos hace pensar o actuar de manera diferente a lo esperado o deseado, como cuando casi ocurre un accidente de automóvil o tenemos que terminar un trabajo y no tenemos suficiente tiempo.

El estrés puede estar causado por eventos positivos, como casarse, el nacimiento de un bebé, comprar una casa o abrir un negocio, así como por eventos negativos, como una desilusión, un fracaso, una amenaza, un bochorno, la muerte de un ser querido, un problema financiero o una enfermedad.

Los indicios físicos del estrés incluyen latidos más rápidos del corazón, presión sanguínea elevada, palmas sudorosas, contracción de los músculos del pecho, el cuello, la mandíbula y la espalda, dolor de cabeza, problemas estomacales, temblores, sacudidas, tartamudeo, náuseas, perturbaciones del sueño, fatiga, respiración superficial y sequedad de la boca o la garganta. Otros síntomas son la susceptibilidad a enfermedades menores, manos frías, picazón, sobresaltarse fácilmente y dolor crónico. Los indicios emocionales del estrés incluyen irritabilidad, ira, hostilidad, depresión, celos, desasosiego, retraimiento, ansiedad, disminución de la iniciativa, falta de interés, tendencia a llorar, ser crítico de los demás, despreciarse a sí mismo, pesadillas, impaciencia, menor precepción de oportunidades de experiencias positivas, menor autoestima, insomnio y cambios en los hábitos de alimentación.

También hay indicios cognoscitivos de estrés (ser olvidadizo, preocupación, vista nublada, errores en juzgar la distancia, menor creatividad, falta de concentración, menor productividad, falta de atención a los detalles, desorganización del pensamiento, falta de control o necesidad de demasiado control, comentarios negativos sobre sí mismo y evaluación negativa de las experiencias) y señales de estrés en la conducta (fumar, conductas agresivas, mayor consumo de alcohol o de drogas, descuido, trastornos de alimentación, retraimiento, hostilidad, torpeza, risa nerviosa, conducta compulsiva e impaciencia).

 

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (abreviado en inglés ADHD)

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es uno de los trastornos mentales más comunes entre los niños. Afecta entre 3 y 5 por ciento de todos los niños, tal vez a unos 2 millones de niños en Estados Unidos. Los varones tienen una probabilidad entre 2 y 3 veces mayor que las niñas de tener este trastorno. El ADHD perdura en la adolescencia y la vida adulta y si no se trata puede causar frustración y dolor emocional durante toda la vida.

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Una persona con ADHD puede tener síntomas en los que los pensamientos están cambiando constantemente. La persona se aburre fácilmente, pero no es capaz de mantener la mente fija en una tarea. Además, imágenes y sonidos sin importancia lo distraen con facilidad y su mente pasa de un pensamiento o actividad a otro. Los que padecen de ADHD también pueden estar tan absortos en sus propios pensamientos e imágenes que no prestan atención cuando alguien les habla.

Puede ser que sean incapaces de sentarse quietos, terminar sus tareas, planificar con anterioridad o estar plenamente conscientes de lo que pasa a su alrededor. Para sus familias, compañeros de clase o compañeros de trabajo parecen existir en un mundo desorganizado. Algunos días y en algunas situaciones parecen estar bien, a menudo dando la impresión falsa de que la persona con ADHD puede controlar estas conductas. Por consiguiente, el trastorno puede estropear las relaciones de las personas con los demás, además de perturbar su vida diaria, consumir energía y disminuir la autoestima.

A diferencia de un problema físico, como un brazo roto o una irritación de la garganta, el ADHD no tiene indicios visuales claros que se puedan ver en una radiografía o en un examen de laboratorio. El ADHD sólo puede ser identificado buscando ciertas conductas características. Estas conductas varían de una persona a otra y los científicos todavía no han identificado una causa específica detrás de todos los diferentes patrones de conducta. Es posible que algún día se descubra que el ADHD no está causado por algo específico, sino que en realidad es un conjunto de trastornos ligeramente diferentes.

En la actualidad, el ADHD es un diagnóstico que se aplica a niños y adultos que exhiben constantemente síntomas crónicos caracterizados por una combinación de tres tipos de comportamiento: falta de atención, hiperactividad e impulsividad.

A las personas con falta de atención les cuesta trabajo fijar la mente en una tarea específica y al realizar una tarea pueden aburrirse en unos pocos minutos. En algunas actividades y cosas que disfrutan parecen poder prestar atención sin esfuerzo y automáticamente. Pero en otras tareas deliberadas en la escuela o en el trabajo parecen no poder prestarles atención consciente ni completarlas. También les resulta muy difícil aprender algo nuevo.

Por ejemplo, terminar la tarea escolar para el hogar puede ser desesperante, tanto en la planificación anterior de la tarea como en escribirla, así como llevar los libros correctos a la casa o tratar de trabajar evitando que la mente se distraiga con otra cosa. Por lo tanto, la tarea para el hogar rara vez se completa y el trabajo está lleno de errores.

Pruebas y Evaluaciones Psicológicas

Evaluación de dotados (“gifted”) y de inteligencia

Las pruebas de inteligencia, o de cociente intelectual, se hacen para determinar el nivel de habilidad cognoscitiva de un niño y su potencial de éxito en medios académicos exigentes, como clases para niños superdotados.

Evaluaciones psicoeducativas

Las evaluaciones psicoeducativas se realizan para determinar si un estudiante tiene un trastorno o una discapacidad del aprendizaje. Estas evaluaciones son útiles para establecer los puntos fuertes y débiles de aprendizaje de un estudiante y elaborar recomendaciones para un mayor progreso académico. La atención, la velocidad de procesamiento y/o las dificultades de memoria inmediata comúnmente vinculadas al trastorno por déficit de atención con hiperactividad también se evalúan en las pruebas psicoeducativas. Las evaluaciones psicoeducativas a menudo incluyen evaluaciones del funcionamiento emocional y del comportamiento, como se halla descrito a continuación. La Dra. Mendoza definirá el tipo de pruebas que se deberán realizar, dependiendo de los asuntos que se presenten.

Evaluaciones emocionales y de comportamiento

Las evaluaciones emocionales y de comportamiento de realizan para evaluar el funcionamiento emocional de un paciente. Este tipo de pruebas se ofrecen a niños y a adultos. Las evaluaciones emocionales y del comportamiento son útiles para aclarar diagnósticos y formular un plan de tratamiento.